CRÍTICA: MORPHIUM – THE FALL

 

MORPHIUM

(The Fall)

8/10

 

 

Aunque se han visto obligados a retrasar la salida de su cuarta obra, ni los cambios de formación, con hasta tres nuevos componentes en el grupo, ni la situación derivada de la “pandemia” frenan la expansión de Morphium. Uno de los grupos estatales con más proyección internacional que consolida un estilo propio de metal de nuevo cuño al igual que la acertada utilización del inglés como lengua que tras su anterior “The Blackout” parece que se queda en la banda. Un idioma que el grupo sabe moldear para crear canciones de potente metal, lindando con lo extremo en todo momento, pero a la vez con un aura melódica muy gótica, sin despreciar ni un solo tema para dejar memorables estribillos destinados a ser coreados en unos directos que son un punto fuerte para la banda.

Así el grupo no es que le busque tres pies al gato compositivamente hablando, pero sabe abarcar inteligentemente terrenos que van desde el pop en las partes más limpias hasta el death metal, con una dosis de metal industrial y una afinidad con el nu metal que les convierten en un grupo versátil. Además el sonido impecable y aplastante del disco es otra baza de inmediato efecto, con un gran trabajo de “Kuen” Eugenio Fresco como productor, y también técnico de sonido al lado de Gorka Dresbaj, con la mezcla de Marco Barusso y masterización de Marco D´Agostino.

Impecable también la oscura presentación y la propia imagen que transmite la banda y que tanto impacta en unos directos donde lo visual y lo sonoro van de la mano. Y este disco precisamente les brinda 12 nuevos temas que si detonan así a nada que le des un poco de volumen en tu propia casa, no es difícil imaginarse echando una sala abajo. Algún tema, como “Everybody Is Dead In This House”, que ya venía sirviendo de adelanto dese hace tempo, ya lo hemos podido ver en sus actuaciones, funcionando de manera impecable tanto por su contundencia como por el gancho que tiene.

De hecho, el grupo consigue atrapar en cada uno de sus cortes. Con un “Dance Of Flies” que da la bienvenida poniendo sobre la mesa las influencias del grupo de pleno. Influencias que van desde Rammstein, a los que me recuerdan por su amurallado sonido, pasando por Marilyn Manson o Korn. Referencias que se van sucediendo en temas que dentro de su consistencia resultan tan dinámicos como “Te Truth” o el siguiente “Parasite”.

Las diferentes vertientes del grupo quedan al descubierto con el limpio y pulcro “Burn My Sin”, con un dueto alucinante entre Mära Lisenko y Alex Bace, y el siguiente, mucho más extremo, “Insorcism”. Temas mucho más reposados como “Black Soul” nos acercan a grupos como Sôber, aunque no sea una influencia tan directa como otros grupos ya mencionados en esta reseña. En esa línea más emotiva y algo menos visceral sigue “My Apocalypse”, que parece ir ligado al siguiente “Something Dead Inside”, más introspectivo pero con un ritmo muy duro y constante ante el que es difícil quedarse quieto.

El interludio “Past”, muy atmosférico, nos predispone para “Tired”, un tema bastante completo para cerrar. Un tema de gran pegada que pese a no ser llevado hacia terrenos tan complejos denota en parte influencia de Meshuggah. Tras ello intrigante y desconcertante resulta la outro “The Fall”, con la aportación de Marco A. Papiz.

En definitiva, un trabajo que asienta más si cabe a una banda que ya venía creciendo y que, pese a los complicados tiempos para los directos donde ellos son unos auténticos colosos, lo sigue haciendo con un disco pensado para no desconectar a ninguno de sus seguidores y seguir atrapando a muchos más que caigan en las garras o en los brazos de su sonido. Y hago esta distinción, porque lo mismo te atrapan por asalto con su brutalidad como caes rendido en un mullido colchón de sensibilidad y melodía reconfortante. Una personalidad múltiple sobriamente expresada.

ANTONIO REFOYO (antonio@lamiradanegra.es)

INFORMACIÓN ADICIONAL:

Sello: Art Gates Records / On Fire

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