CRÓNICA: SÔBER

 

SÔBER

27 – 05 – 11

Barakaldo (RockStar Live)

 

Volvían Sôber por segunda vez desde su regreso a esta misma sala. Desde ese anunciado retorno el grupo se ha puesto manos a la obra y nos ha dejado un nuevo legado de canciones que dotaban de mayor atractivo a la cita. No son Söber un grupo que pretenda ni deba vivir del pasado. Su inquietud musical se refleja en ese nuevo “Superbia” que presentaron con traje de gala esta noche. Con un escenario que luía espléndido tan solo con el símbolo del grupo detrás de la batería. Una figura que se iluminaría a lo largo de la actuación.

Cuando se apagaron las luces comenzó a sonar a gran volumen el “Shot Down In Flames” de AC/DC ante un público que no se inmutó por ello. Se nota la madurez del público de Sôber que lleva otra tendencia musical más inquieta. Su interés se centraba exclusivamente en degustar la fragancia de una banda convertida en clásico después de haber influenciado a un sinfín de bandas que pueblan nuestra actualidad.

La gente reaccionó de verdad cuando los componentes de la banda iban  apareciendo en el escenario mientras que se introducía el tema homónimo de su último disco. En seguida percibimos la fuerza y la nitidez con la que sonaba la sala esta noche, muy por encima de lo habitual. Aunque para la gran mayoría pasara desapercibido se notó la presencia de Alberto Seara en la mesa, disimulada bajo el seudónimo de Flor, que fue como Carlos Escobedo se refirió a él en un par de ocasiones. Con esa forma de atronar es posible que algún metalero que reniegue de Sôber por su melodía tuviera que retractarse, porque ante todo el grupo estuvo contundente, sin fisura alguna a lo largo de su actuación.

Tal vez demasiado pronto Jorge Escobedo sacó a relucir el riff inicial de “Diez Años”. Eso provocó el entusiasmo descarado de todo el personal a las primeras de cambio, pero dejó para el resto de la descarga un momento difícilmente superable. Tras coquetear con el arranque del tema finalmente arremetieron con esa canción muy querida por todos sus fans. Aquí comprobamos el perfecto engranaje del grupo. No es nuevo lo compenetrados que están Jorge Escobedo y Antonio Bernardini, pero hay que sumar la categoría de un Carlos Escobedo a tope de voz y de Manuel Reyes como un batería bestial que golpeó como un coloso durante toda la noche.

La banda supo colocar perfectamente entre temas de sus años de crecimiento nuevas canciones que no dejan de entrar de lleno en lo que un seguidor del grupo reclama. De ahí las palabras de Carlos Escobedo para temas como “Fantasma” o “La Araña” diciendo que son temas que identifican el sonido Sôber. La verdad que tanto con guitarras más fuertes como más sosegadas es complicado encontrar en el repertorio un tema que falte a la personalidad del grupo. Por eso su gente absorbe con facilidad los nuevos temas a los que no necesariamente superaron temas de la época anterior a su parón como “Eternidad” o “La Nube”. Si bien, es cierto que los años dotan a las canciones de una magia especial. En ese sentido “Paradÿso” es un tema bandera que tiene un peso especial en las actuaciones del grupo. Dedicado con muy buena intención a Barakaldo por parte de Carlos, aunque este lugar no se acerque demasiado a tal denominación.

Pero la música es una proliferación de sentimientos que no tienen nada que ver con la lógica. De ahí que el comunicativo vocalista nos pidiese que no fuésemos “El Hombre De Hielo” y que dejáramos aparecer nuestras sensaciones. En un momento ya avanzado del concierto esas sensaciones eran más que positivas, con una banda que estaba dando lo mejor de sí, agradecidos a su gente de Bizkaia y sin parar sobre las tablas. Incontables fueron las veces que Jorge y Antonio se cruzaron en el escenario.

El final antes de los bises tuvo mucha brillantez con dos puntos distintos como fueron las percusiones de Carlos Escobedo y Manu Reyes. Para este detalle Carlos se colocó tras la batería mientras que Manu impactaba sobre unos tambores colocados debajo de la tarima donde Carlos se erigía como provisional baterista. Siendo algo quisquilloso me hubiera gustado que el actual batería del grupo hubiera hecho un solo auténtico viendo las cualidades que demostró en toda la noche, aunque bien es cierto que Sôber busca otra esencia en cada cosa que realiza, más allá de la espectacularidad. Todo esto desembocó en el instrumental, fuerte y metalero, “Fortuna, Fama O Placer”. Otro detalle fue el acústico “Náufrago”, consiguiendo el efecto íntimo deseado.

De nuevo atronó el escenario con “Cubos” y la banda se despedía con “Oxígeno”. No tardarían en regresar con “Arrepentido”, otro tema de los de más calado que no falló en un concierto en el que cada tema se ejecutó con máximo acierto. No dejaron los bises huérfanos de representación de su nueva obra. “Tic Tac” cumplió ese papel antes de que “Loco” nos recordara a los Sôber más primigenios como un cañonazo sobre nuestras cabezas. Podía haber sido el final, pero volviendo a la nueva etapa que ya nos deja dos trabajos apuntalaron el anterior “De Aquí A La Eternidad” con “Sombras”, dejando nueva constancia de su abrumadora personalidad. Algo patente en cada instante de un concierto del cual salimos empapados de una lluvia cristalina de decibelios en los que Sôber expandió todo lo que lleva dentro, ofreciéndose a sus seguidores en las mejores condiciones y aprovechándolas.

Texto: ANTONIO REFOYO (antonio@lamiradanegra.es)

Fotos: MARI JOSE MARTIN (mari@lamiradanegra.es)