CRÓNICA: THE ARISTOCRATS
THE ARISTOCRATS
THE ARISTOCRATS
Lunes 11 de mayo de 2026 – Sala Kafe Antzokia – Bilbao
La música instrumental no es el camino más fácil para llegar al público. Y si además ya un proyecto se centra en el virtuosismo más desaforado parece difícil que cuaje, que haga camino y que consiga entradas tan excelentes como las que The Aristocrats han conseguido en sus visitas a Bilbao. Era la tercera vez que les veía en el Kafe Antzokia en los últimos 6 años. Hoy tocaba un lunes, el día más jodido de la semana para muchos, pero la sala acogió una buena entrada para recibir a unos fuera de serie que han llevado el virtuosismo instrumental a otra dimensión. A un más difícil todavía que, sin embargo, conjugan con composiciones excelentemente curradas, que alternan un sinfín de estilos y que nunca deja de sorprenderte. Pocas veces vas a ver a un público tan atento a lo que ocurre en el escenario como en sus conciertos, con un respeto reverencial en todo momento, sabiendo que de la manga se van a sacar una nueva carta para dar una vuelta más en cuanto a ejecución.


El trío multinacional conformado por el inglés Guthrie Govan en la guitarra, el estadounidense Bryan Beller en el bajo y el alemán Marco Minnemann en la batería destapó el tarro de las esencias desde la intro “Swan ´s Splashdown” de Perrey And Kingsley. A ella se sumaron ya denotando una seriedad que combinan con maestría instrumental y un sentido del humor que nos acompañó en la presentación de cada tema y en diferentes destellos de un concierto que superó las dos horas y que, sin embargo, se nos pasó en un suspiro. Y es que estamos hablando de una música compleja de la que una buena cantidad de músicos presentes en el recinto tomarían nota. Pero al margen de ese aspecto didáctico que se puede sacar de un concierto de maestros, también son capaces de abstraernos y llevarnos por esos laberintos trazados al milímetro en el que los tres músicos en escena no se salen en ninguna de las muchas y peligrosas curvas que trazaron con sus instrumentos.


El grupo venía presentando su quinto disco “Duck”, que se llevaría el protagonismo prácticamente de la mitad de la actuación. Exponiendo temas como “Hey, Where´s My Drink Package?”, “Aristoclub”, “Sgt. Rockhopper” y “Sittin´ With A Duck On A Bay” en idéntico orden al disco, con comentarios para presentar cada tema que ya sacaron unas buenas carcajadas entre el personal. No les hace falta ningún tipo de espectáculo extra porque ocupando cada uno su puesto en el escenario el espectáculo es ver lo que hacen con sus instrumentos, de lo que son auténticos malabaristas. Bien es cierto que puede que los temas de este último disco tengan mayores atisbos de melodía.


“Spanish Eddie” fue precedido de la explicación pertinente que nos narraba de dónde surgió esta historia. Por cierto que hay que quitarse el sombrero ante Marco Minnemann que, aparte de saber tocar la batería como pocos en este planeta tuvo el detalle de aprenderse un buen puñado de palabras en euskera, algo muy agradecido por el personal. El batería tuvo un acto para él solo al hacer un solo de batería tan completo y espectacular como entretenido. Sin faltar ese momento desternillante en el que juega con esos muñecos de goma en forma de cerdo y poyo con los que juega en un momento de su recital.


“The Ballad Of Bonnie And Clyde” dio paso a una segunda parte de la descarga. No le falta fuerza y pegada a unos temas que tienen tramos muy jazzisticos, pero también tienen la fuerza del metal. Sin embargo, “Fatlands” sacó a relucir una parte un tanto más tierna. “Here Come The Builders” retomaba su más reciente obra, cuya presentación quedó cerrada con “This Is Not Scrotum”. Tras ellos el desparrame progresivo de “Get It Like That” parecía que iba a ser la traca final llena de colorido y entretenimiento, con un momento en el que el batería se coge al cerdo y el bajista hace lo propio con el poyo y dividen a la sala en dos partes para que cada sector responda con el sonido correspondiente.


La ovación era estruendosa al acabar el tema y los músicos se hacían la foto final ante un público ojiplático. Pero es que encima de increíblemente buenos músicos son generosos. Así que sin hacerse de rogar Bryan Beller levantó en dedo indicando que había una más, ante lo que se vivió toda una celebración por parte del personal. Como un gol en el último minuto, aunque aquí el triunfo ya lo teníamos garantizado. Pero disfrutar ya de “Desert Tornado” fue un añadido más de euforia para unos seguidores sabedores del nivel musical de élite que acababa de disfrutar por parte de The AristoCRACKS.
ANTONIO REFOYO (antonio@lamiradanegra.es)
