MAGNUM

MAGNUM

19 – 10 – 09

Madrid (Heineken)

Nada mejor que ir a un concierto para quitarse el mal sabor de boca que suelen tener los lunes, y coger fuerzas para el resto de la semana. Y si es a un concierto como el que ofreció Magnum en la sala Heineken de Madrid, pues mucho mejor. Las puertas abrieron a las 20.00, y poco a poco la sala se fue llenando de un público de edades muy variadas, desde muy jóvenes hasta viejos rockeros que vivieron las primeras etapas de este legendario grupo inglés.

A las nueve en punto, puntuales a la cita, las más de doscientas personas que estábamos en la sala vimos salir al escenario a los componentes de Magnum. Venían a presentarnos su nuevo disco «Into The Valley Of The Moonking» y para ello comenzaron con la primera canción de este álbum, «Cry to Yourself», a la que siguió «Take me to the Edge». Estaban todavía calentando, pero se les notaba totalmente entregados, especialmente al cantante, Bob Catley, que enseguida contagió al público asistente. Así, al termino de esta canción ya nos tenía a todos en el bolsillo, y ante su saludo de «Hola Madrid» en un castellano más que aceptable no hubo en la sala quien no levantara los brazos o gritara a todo pulmón contestando.

Retrocedieron pocos años atrás para tocar el tema que daba nombre al su álbum de 2004 «Brand New Morning» y luego Catley se dirige al publico para presentarnos por primera vez esta noche una canción, también del nuevo disco, «The Mooonking». El escenario está bañado en su totalidad por una luz azul durante toda la canción, un medio tiempo, con un pegadizo estribillo. En cuanto termina el tema una sonora ovación estalla en la sala Heineken, dándole a Catley la oportunidad perfecta para hidratarse, y acercarse al ventilador que tiene a sus pies y refrescarse algo. Se nota que lo está dando todo y que a sus 62 años ya no es ningún chaval.

Otra vez marcha atrás hasta su penúltimo álbum para interpretar «When We Where Younger» y de nuevo otra canción del nuevo «No One Knows His Name». La presenta y dice que espera que nos guste. Por supuesto que gustó, y cuando esta terminó gritos de Magnum Magnum abarrotaron la sala.

Y de nuevo al pasado más reciente para tocar «Dragons Are Real» y luego otra canción nueva: «A Face in the Crowd» una canción lenta, con un estribillo potente. Tras esta tocó el turno de «We All Run» que fue coreada por todo el público desde el primer momento, y seguida de multitud de aplausos en cuanto terminó.

El concierto llegaba a su recta final momento de desempolvar los temas clásicos. Nos lo anunciaron al tocar «Les Morts Dansant» del álbum de 1985 «On a Storyteller’s Night». La canción terminó y gritos de Oe Oe Oe llenaron la sala; el público quería más clásicos. Pero Magnum se hizo de rogar. Bob Catley cogió la pandereta y presentó otra canción del nuevo trabajo, «All My Bridges». Terminó esta y llegó el turno de una canción de un viejo álbum según palabras de Catley, «All England’s Eyes», que el publico coreó entusiasmado.

Un conocido riff de guitarra para los que allí estábamos nos anunció que iban a tocar «Vigilante», uno de los temas insignia de los de Birmingham. El público enloqueció cuando Catley comenzó a cantar, y no paró de saltar y dar palmas hasta que terminó el tema. El concierto había llegado a su fin, y sin más Magnum abandonó el escenario. Todos sabíamos que llegaba el momento de los bises, pero esos hay que ganárselos: unos minutos gritando más Oe Oe Oe claramente no fueron suficientes, y hubo que esperar a que todo el público a voz en grito coreara el nombre del grupo para que Magnum reapareciera en el escenario. Intentaron calmarnos con «Don’t Wake the Lion». Diez minutos de canción perfectamente ejecutada y con una potencia en directo extraordinaria. Pero no fue suficiente, el público quería más. Y Magnum no defraudó, era el turno de «Kingdom of Madness», uno de los temas del primer álbum de la banda y clásico entre los clásicos. No quedó nadie sin levantar las manos ni cantar el estribillo hasta desgañitarse.

Aún hubiéramos deseado más temas, pero el concierto había llegado a su fin. Todos dejaron sus instrumentos, y Bob Catley nos fue presentando a cada miembro de la banda: Harry James, batería, Al Barrow, bajista, Mark Stanway a los teclados y por último Tony Clarkin a la guitarra. Ni qué decir tiene que Tony Clarkin, alma del grupo junto con Bob Catley se llevó la ovación más sonada, aunque también Harry James se llevó lo suyo, y merecidamente, pues estuvo soberbio durante todo el concierto. Eran las 22.45 y Magnum se bajaba del escenario. Nos habían dado un espectáculo digno de ver, mostrándonos como toca en directo un grupo con una trayectoria de más de treinta y cinco años.

Texto: RAUL MARCOS