CRÍTICA: 413 – PATH TO HOCMA

 

413

(Path To Hocma)

8/10

 

 

David Pisabarro es el único nombre que se esconde detrás de 413, una denominación que viene a suponer una forma distinta de ver, de sentir y de hacer música. De todo hemos escuchado ya a estas alturas, pero hay que reconocer que cuando escuchas un trabajo como este “Path To Hocma” no puedes menos que asombrarte ante una obra que te deja desencajado. Nada de lo habitual vas a encontrar en un disco donde nuestro protagonista hace todo a base de samplers, batería, voces y, fundamentalmente, su distorsionado bajo. Con esos elementos el contenido emocional que encontramos en un disco conceptual que une pieza a pieza todas las canciones que lo integran, es de lo más grande que te puedas llevar a los oídos a día de hoy.

Puede que haya quien ya piense en esto como una paranoia de músico con la cabeza llena de pájaros, pero lo cierto es que si te dejas simplemente embaucar por las sensaciones no me parece un disco tan difícil de seguir. Sería recomendable que te guste lo extremo y lo progresivo para que la forma de entrar de “…The Town” no te escandalice y salgas corriendo chamuscado como si hubieras metido los dedos en un enchufe. Se trata de algo de estructura compleja, a lo que no le encontrarás uniformidad, pero en eso está la clave para salirse de parámetros establecidos. Sin embrago, digo que esta obra no es tan complicada de asimilar porque si basamos la efectividad de la música en el hecho de provocar sensaciones en el oyente, “Path To Hocma” lo consigue con composiciones que pese a lo enrevesado de las mismas tienen un contenido ambiental que te atrapa. La mejor muestra de un tema elaborado, lleno de virajes, pero con un sentir emocional muy grande es “…The Brigit Mountains”, uno de los cortes más redondos del trabajo. Luego pasamos por otros temas también con un desarrollo tan imprevisible como “The Swamp” o simples piezas donde los sonidos conforman el decorado para seguir la obra como una película que nos va pasando de escena en escena. “…The Desert Of The Real” es un simple pasaje rítmico y “…The Rising Of The Real Man” es una marcha triunfal que se va elevando hasta los altares. “The Hocma Point” es un preludio de la recta final del disco, donde escuchamos al bajo de una manera más desnuda que en el resto, simplemente marcando lo que luego serán “…The Ophisit” y “…The Virus Ophosit” para terminar de finiquitar una obra que queda latente hasta que el bonus track, rápido y complejo, de título “The Yethunter” ponga el punto y final.

“Path To Hocma” es una obra que nos deja buscando el sentido a lo escuchado durante largo tiempo. De eso se trata en arte, de ofrecer algo que haga recapacitar y que nos obligue a discernir todos los significados que encierra. No creo que en este caso yo haya dado con el más concreto, o tal vez ni siquiera sea la intención de este chico donostiarra el de desvelarnos un único final. Simplemente nos deja una obra exigente para quien intente descifrarla y por ello atractiva, pero también emotiva para quien sea capaz de dejarse llevar por las corrientes alternas de la música de 413. Un proyecto arriesgado con sus importantes dosis de locura que descansa en la genialidad de la mente creadora de estos sonidos y no a la inversa. Por eso en este desconcierto hay un sentido y una calma interior que mantiene el control y da cohesión a todo el trabajo para que la originalidad que nos ofrece un músico distinto no se derrame y se pierda por el camino. Si eres capaz de no poner como absurda escusa es que es muy raro para despreciar un disco (o para ti esa es una virtud en este mundo que fabrica en molde), seguro que serás capaz de valorar todo lo que nos ofrece “Path To Hocma”.

ANTONIO REFOYO (antonio@lamiradanegra.es)