CRÓNICA: LOS BRAZOS

 

LOS BRAZOS

19 – 10 – 19

Bilbao (Kafe Antzokia)

 

 

Era un día con varios flancos de interés rockero en Bizkaia, para muchos histórico por ese regreso de La Polla Récords con un BEC lleno por segundo día consecutivo, pero a otro nivel, no menos histórico, al menos para la trayectoria de Los Brazos y para la salud de nuestro rock era esta cita en un Kafe Antzokia que viviría la despedida de la gira “The Live Tour” de los vizcaínos. Una banda que se abre camino a pasos agigantados con cada uno de sus directos, punto fuerte de un trío que sigue deslumbrando a propios y extraños cada vez que se sube a las tablas.

William Gutiérrez dejó caer a lo largo del concierto que esta cita podría ser el punto álgido en la trayectoria de la banda, probablemente el mejor día hasta el momento en la vida del trío vizcaíno. Para entenderlo había que ver no solo el aspecto de una sala llena, sino la efervescencia de la gente con cada uno de los temas, sabiendo asumir de igual manera a los más hard rockeros, los más clásicos dentro del rock, los más country o los mas blues. Porque todo ese es el abanico que sin despeinarse abarca este grupo.

Desde las primeras filas me pareció que la banda comenzó sonando algo embarullada, algo que se subsanaría a lo largo de los primeros cortes. Eso no restaría intensidad a un inicio con temas como “Where To Go” o “Randall”, donde los movimientos del duo formado por Txemi Gándara con el bajo y William Gutiérrez con la guitara  recordaban a ZZ Top. Y no es que en el subconsciente se me hubiera quedado lo que sonaba antes de que el grupo saltara al escenario, que eran precisamente los texanos.

Y es que Los Brazos no son un grupo que se limiten a tocar, que lo hacen y muy bien, sino que interactúan en el escenario de una manera que contagia alegría, que engancha al público. Se les ve disfrutar sin tapujos, no hay artificios de ningún tipo, simplemente un trío tocando con esa singular pareja al frente del escenario sin parar de moverse. ¿Quién dice que llevar un instrumento colgado te limita en escena? Eso sí a Koki Chamorro no le queda otra que mantenerse sobrio en la batería, pero menuda labor la suya aportando un empuje magistral sobre el que sus compañero se impulsan entrelazase en un sincronismo mágico en el que se respira una felicidad que desde arriba del escenario iría fluyendo hacia abajo para acabar en una retroalimentación que haría la bola más grande a medida que avanzara la actuación.

El blues de “Tales” fue utilizado por William para cantar fuera del micro, emocionando muchísimo a un público que respetaría el momento bajando el tono para escucharle hasta que estallara en una ovación enorme con su vuelta al micro. La imagen del guitarrista y vocalista regando con su sudor el frente del escenario aún con todo lo que quedaba era reflejo de una banda que no se reservaría nada.

Y no tardarían en seguir ofreciendo temas donde se explayarían también en su faceta como instrumentistas, con espacio para los tres. Ahí quedan los ejemplos de “The Rain”, “Boogie”, “Fearless Woman” y un conjunto de canciones que nos llevó por dos horas de actuación a lo largo de las cuales la banda tuvo chulería como para que William se diera algún paseo entre el público durante uno de sus solos, incluso subiéndose a la parte alta del Antzoki, que para esto da mucho juego, o para sentarse junto a su compañero en las escaleras del antzoki mientras que saludaba a alguno de los fotógrafos. No les falta calidad, pero tampoco actitud.

El momento que mejor demuestra la autenticidad y pasión que desprende la banda llegaría con “Magic”, tema registrado en apoyo a la lucha contra el cáncer infantil, ante el cual el vocalista también aprovechó para, de manera muy emocionada, señalarse la camiseta que llevaba en este caso con referencia a la lucha contra la ELA. Un momento en el que su productor Sal Santolaria y, el hermano de William, Rafa Gutiérrez se subieron al escenario para hacer coros.

Así con temas tan potentes por el camino como “Guardian” o “Rose Tree” nos acercaríamos al divertido final con el coreadísimo “Not My Kind”, con el que la banda anunciaba despedida entre un clamor popular que les obligaría a regresar para ofrecer un nuevo tema que aparecerá en el próximo disco, según nos hicieron saber. Si no entendí mal su título podría ser “Your Name”, pero lo dejo entre interrogantes.

Finalizaron con un “Free Bird” de Lynyrd Skynyrd que pasadas ya las 12 de la noche, como era el caso, llegaría en el aniversario del fatídico accidente de avión que acabaría con algunos componentes de la banda americana. Pues tuvieron sin saberlo un homenaje digno de ellos. Esa larga parte final instrumental fue de intensidad tremenda, como mandan los cánones.

Con el público a los pies de la banda y esta fundida en un abrazo decíamos adiós a esta noche para el recuerdo y para la historia al menos de la trayectoria de Los Brazos, pero también para el rock hecho en Bizkaia en general. Por suerte ya hemos visto a otras bandas “locales” llenar este recinto, algo que muchas bandas internacionales no pueden conseguir, pero es que la calidad de lo ofrecido esta noche habla por sí sola.

ANTONIO REFOYO (antonio@lamiradanegra.es)