CRÍTICA: ARMANDO ROCK – A.R. II

 

ARMANDO ROCK

(A.R. II)

7´5/10

 

 

 

Tengo la sensación de que el primer disco de Armando Rock, el proyecto paralelo de Armando de Castro de Barón Rojo, pasó bastante desapercibido. Casi queda, viendo la apuesta por este segundo disco, como una tímida manera de desmarcarse de su banda de toda la vida, emprendiendo una carrera en solitario tras cuatro décadas tirando del mismo carro. Sin desmerecer a los componentes de la anterior formación, está claro que Armando se ha armado, valga el juego de palabras, con músicos que le dan otro estatus a su banda. Ángel Arias en el bajo y Rafa Díaz en la batería son de sobra conocidos por él en dos épocas distintas en Barón mientras que en la voz cuenta con una de las mejores voces de panorama estatal. El ex de Medina Azahara y de Sacramento, actualmente en los resucitados Ago, Manuel Escudero. Aún así, Armando canta alguno de los temas del disco. Y es que no cabe duda de que independientemente de los músicos, al menos de momento, este es su proyecto. Él es el máximo compositor, su personalidad fluye en cada uno de los temas. Aunque diga desligarse de lo hecho con los barones es inconfundible su forma de tocar y de componer, lo que pasa que teniendo en cuenta su bagaje, del cual tira a lo largo de los 12 cortes del disco, tenemos aquí una especie de homenaje a los grandes del rock: Rainbow, Purple, Zeppelin, Hendrix, Cream, Bad Company… son bandas cuya huella se percibe en este heavy rock. Y claro, entre los grandes del rock está los propios Barón Rojo.

La obra se abre como mandan los cánones de un clásico disco de heavy metal; es decir, con temas directos y veloces. Además llevan un mensaje bastante reivindicativo. Son los casos de “¿Cómo Logras Funcionar?”, “Juego De Necios” y “Carne De Cañón”. “Una De Zeppelin” tiene un riff setentero. Más que una apología de los propios Zeppelin es un guiño a las raíces musicales del propio Armando, que quedan muy presentes a lo largo de todo el disco. Y es que no es este el único guiño explícito. También está “Enhendrix”, que la canta el mismo Armando y que le muestra como guitarrista a muy buen nivel. Puede que a nivel compositivo no llegue a la brillantez de los clásicos de Barón, aunque hay que reconocer que el listón esté muy alto. Pero en el plano musical desarrolla un gran papel a lo largo de todo el disco, tanto con riffs como con solos de guitarra muy meritorios. Me quedo con el sentimiento blues que le imprime al solo de “Sueños”, en un emotivo final de disco. Un tema lento que elude el término de balada. Se aproxima más “Muy Duro”, pero musicalmente también tiene alicientes mayores que una balada habitual. Aquí sí que creo que han intentado salir de tópicos.

La segunda parte del disco no pierde fuelle y, de hecho, tiene destacados temas como “La Llamada De La Libertad”, con un gran  trabajo conjunto de voces, y “La Catedral”, que tiene unas melodías vocales más abiertas. Sigue habiendo un mensaje directo en “No Somos Nadie” y nos dejan una letra para la reflexión  en “Un Planeta”. Y me falta por mencionar el tema más vacilón del disco que es “Rompiendo”, su ritmo es adictivo y me recuerda a los mismísimos Coz, indagando en el pasado más primigenio del guitarrista.

Es decir, que puede que este trabajo se salga de la línea habitual en Barón Rojo, pero no por dar pasos hacia la actualidad en cuanto a influencias. Diría que, por el contrario, es una obra que rezuma puro hard rock clásico, al que no le falta la huella de un guitarrista que no puede evitar plasmar su personalidad. Y con esa esencia considero que es un digno trabajo de rock duro, donde se plasman diferentes contornos que nos recuerdan a los grandes, con la incuestionable calidad de cada uno de sus componentes y con la plasmación de un incuestionable esfuerzo por superarse pese a saber que la sombra del pasado es tan grande. Se agradece y se disfruta.

ANTONIO REFOYO (antonio@lamiradanegra.es)

INFORMACIÓN ADICIONAL:

Sello: Rock Estatal Records

Fecha de lanzamiento: 18/12/2018