CRÓNICA: STRAVAGANZZA

 

STRAVAGANZZA

21 – 04 – 18

Bilbao (Santana 27)

 

 

No hay nada como desaparecer para que te valoren. Algo así es lo que ha ocurrido con Stravaganzza, una banda que siempre tuvo que luchar contracorriente mientras estuvo en activo, ante muchos que no supieron entender un estilo de metal gótico y sinfónico ajeno a estándares y lejos de lo que los seguidores de un Leo Jiménez entonces vocalista de Saratoga podían esperar. Sin embargo, poco a poco los trabajos de la banda se han ido revalorizando, haciendo que su regreso se haya recibido con una gran expectación y posibilitando que la banda brinde un espectáculo que se acerque a lo que ellos querían ofrecer en su última etapa. Si bien los miembros han achacado ese parón al cansancio, dentro de ello considero que un gran peso lo tuvo la frustración de no poder contar con la infraestructura que la banda quería.

En esta ocasión, como pudimos apreciar, Stravaganzza regresa con la formación que lo dejara, con Carlos Expósito en la batería, Patricio Babasasa en el bajo, Pepe Herrero en la guitara y Leo Jiménez en la voz, han incorporado a Miguel Ontivoro en una segunda guitarra y a Eloy Terrero en el teclado, pero además en Bilbao pudimos ver un violinista y un corista, mientras que tres bailarinas brindaron un espectáculo visual que engrandece el universo creado por la banda madrileña.

Antes de sacar un anunciado nuevo trabajo, el grupo se ha embarcado en una gira de regreso con una serie de fechas bastante puntuales. Algo que siempre brinda la posibilidad de ver un repertorio mucho más completo para gozo los más acérrimos seguidores de la banda, repasando toda una trayectoria y no centrándose en la presentación de un nuevo disco. Giras que a la larga resultan especiales.

Si bien había ganas de ver a la banda nuevamente en Bilbao parecía un órdago por parte de las organizadoras del evento el apostar por la sala Santana 27 de Bilbao, de una capacidad de 1500 espectadores. Es verdad que la sala se quedó algo grande para el número de público, pero triplicaron probablemente la presencia de público con respecto a las oportunidades anteriores en que les vimos en la Rock Star de Bilbao. Así que solo cabe agradecer la apuesta y el esfuerzo por parte de la organización que brindó la oportunidad de ver a la banda en un escenario que cumple con las exigencias del espectáculo que hoy nos proponen.

Y si se agradece por parte de los acérrimos que se haga un repertorio basado en toda su trayectoria, también lo hace el hecho de que sin presencia de teloneros la banda se pueda permitir más de dos horas en el escenario, algo a lo que cada vez estamos menos acostumbrados. Pero aparte de la duración del show hay que destacar el nivel expuesto en todos los sentidos por parte de cada uno de los participantes en el espectáculo. Con un buen sonido, con una banda excelentemente conjuntada y sintiendo lo que hace ahí arriba.

Es cierto que Pepe Herrero a veces parece disfrutar más de un segundo plano, pero él es el director de toda esta orquesta, mientras que Leo en el micro bordó un concierto simplemente enorme. Mira que le hemos visto veces con su banda o con Saratoga, pero tuve la sensación de que en esta actuación se entregó de manera muy especial. No voy a descubrir sus condiciones vocales y el privilegio que resulta poder verle cantar, sea cual sea el estilo o la banda con la que nos visite, pero esta propuesta cargada de matices le hace abrir un abanico de posibilidades que él exprimió al máximo, sensible cuando tocaba y visceral cuando había que pasar al otro extremo. Todo un alarde.

La actuación se dividió en 4 actos, cada uno correspondiente a cada uno de sus trabajos editados, dejando para el final dos conocidas versiones que en su día generaron controversia, pero que a la larga todo el mundo ha aceptado y valorado.

Cada acto contó con su respectiva intro hablada, dando paso a cada una de las escenas que la banda fue representando, con las bailarinas no solo haciendo de tal sino de actrices que encarnaron cada escena. Así se abrió la noche con “Dios”, uno de esos temas clásicos e infalibles en su repertorio, repasando su debut con otros dos temas, el plagado de melancolía “Y En Soledad Me Lamento” y “Mi Tempestad”

El segundo acto esbozó un puñado de “Sentimientos”, comenzando con un espectacular “Miedo” que dio paso a “Desilusión”, con el público sin poder evitar corear el nombre de Leo. Claro que no le irían a la zaga las interpretaciones  de “Pasión”, muy explicito además de lo que es Stravaganzza, y sobre todo un “Dolor” donde el vocalista siguió demostrando que además de haber conseguido con la experiencia encontrar nuevos matices en su voz, si tiene que tirar de potencia y agudos muy pocos a nivel mundial pueden toserle. En “Inmortal” Pepe Herrero se colocó en el teclado, para dar carpetazo en solitario junto a Leo con esta pincelada tan especial en su repertorio.

Pincelada que cerró una puerta y abrió otra, la del tercer acto, donde se vivieron los momentos más contundentes en el aspecto musical. Claro ejemplo fue un coreadísimo “Deja De Llorar”, un tema directo dentro de su estilo, al que le dio continuidad un enormemente sentido “Grande”, dedicado al recordado productor Big Simon. La segunda parte dedicada a “Requiem” dio un vuelco con “Maquina De Seducción”, donde una de las bailarinas jugó un papel protagonista absoluto, con Leo interactuando con ella. Y finalmente el homónimo “Réquiem” fue testimonio de profundidad y dureza unidas en el particular estilo de la banda, con un Leo que seguía impresionando ante su derroche de facultades vocales.

La cuarta parte del espectáculo correspondía a “Raíces”, disco al que la banda pretende hacer justicia en el presente, ya que poco después de su edición, sin que la banda lo hubiera podido defender como pretendía, llegó el anuncio del parón de su actividad. Y la obra bien que merece todo el reconocimiento.

Tras “Cuestión De Fe” llegó otro de los momentos visualmente más atractivos del concierto, con las bailarinas haciendo girar unos paraguas en “Sin Amar”. “Impotencia II” contó con la colaboración de Korpa, haciendo guturales junto a Leo, entregándose y convirtiendo su momento sobre las tablas en uno de los más intensos de la descarga. A Leo se le ve a gusto alternando su voz melódica con otra agresiva, algo ya explotado por el vocalista en su banda. Y aunque no abusa, también rompe la voz cada vez más en momentos puntuales, aumentando los contrastes en los oscuros temas de Stravaganzza.

“Un Millón De Sueños” dio paso a “Raíces”, un tema extenso y ampuloso que uno pensaría que podría perder efectividad en directo, pero el trabajo de Stravaganza para sus conciertos hace que temas de esta grandilocuencia, con un montón de capas, puedan incluso aumentar las sensaciones con la aportación de todos los músicos. Era el colofón al repaso en orden cronológico de sus trabajos, pero todos esperábamos esos bises donde sabíamos que no faltaría “Hjo De La Luna” de Mecano. Un tema de pop que siempre tuvo alma gótica, y vaya si Stravaganzza supieron encontrarla. El remate lo puso otra versión, en este caso la de “Eloise” de Tino Casal, que registraran en “Requiem”. Supuso un final festivo, con asistentes y miembros de la organización incluso acompañando a todos los protagonistas que despidieron a lo grande la noche con un tema que el grupo utilizó a modo de absoluta desinhibición, rompiendo un tanto la imagen sobria de una banda que cuida mucho todos los aspectos de su actuación, cada detalle sonoro y visual, pero que también es capaz de mostrar en este final una cara mucho mas desenfadada.

Grandes sensaciones y buenas vibraciones las que ofrece este regreso de Stravaganzza, que ha visto revalorizado su nombre y su aportación a nuestra música. Esta gira antes  de la publicación de un anunciado nuevo disco es una gran reivindicación de todo lo que han sido, pero también la promesa de lo mucho que nos pueden seguir ofreciendo bajo el sello de su originalidad, elegancia y ambición para llevar a cabo esta propuesta musical con las mejores galas.

Antonio Refoyo (antonio@lamiradanegra.es)