CRÍTICA: MARTIN EKELUND

 

MARTIN EKELUND

7´5/10

 

 

 

 

Desde la modestia, en el tiempo que las giras de Bonafide le han dejado (al margen de su familia y compromisos como productor), su bajista nos presenta este trabajo en solitario en el que él mismo se ha hecho cargo de todos los instrumentos, la voz y la propia producción del álbum. Los que esperen algo parecido a Bonafide se van a llevar una gran sorpresa, puesto que esto se aleja completamente de ese rock acedeciano para decantarse por un estilo bastante más moderno y abierto. Hay canciones muy cercanas al pop británico, aunque no le falta una buena pegada a cada composición, con riffs de guitarras de los que pegan fuerte, junto a una base rítmica potente.

La primera parte del álbum se hace bastante más oscura. Conjugando elementos modernistas en estructuras nada complejas, directas y con el hueco para estribillos de los que envuelven como es el caso del arranque con “Life´s In A Circle”. Hay un toque intimista en “Beynod The Find Line”, pero no falta el optimismo ha medida que avanzamos en la escucha y nos topamos con un luminoso “Death Door”, donde hay un buen solo de guitarra. Pero es curioso, esto no hace que sea el tema más rockero. Tal vez, al contrario sea un tema más pop en su estribillo. El siguiente “The Vanity Of Being Tender” se contagia de ese halo algo más positivista, para regresar de nuevo a unas mayores profundidades con “End Of Life·. Las versiones de los alternativos Morningwood “Best Of Me” y el clásico de los británicos Ultravox “All Stood Still” pueden ser un buen reflejo de la amplitud de miras de un rockero que sabe asimilar influencias mucho más dispares, llevarlas  a su terreno y actualizarlas.

Puede que el disco peque de buscar una línea muy determinada, lo cual puede crear cierta monotonía, pero Martin Ekelund acaba por sacar matices diferentes dentro de esa etiqueta compuesta de rock pop. Y es que con lo que trasluce de la obra el rock debe ir por delante, pero no cabe duda de que son canciones que pueden resultar muy radiables, abiertas y modernas. Algo que le distancia de su banda, como es deseable en este tipo de obras. Hacer lo mismo no tendría sentido. El caso es que a la obra no le falta fuerza, el corazón es rockero, pero la mente alza la vista a otros horizontes.

ANTONIO REFOYO (antonio@lamiradanegra.es)

INFORMACIÓN ADICIONAL:

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